Existe la creencia generalizada de que el hijo único es caprichoso, consentido, mandón, etc. Pero la realidad demuestra que, con la adecuada educación, crecerá igual que cualquier otro niño. Es deber de los padres el afrontar la situación de la forma más adecuada, sin sobreproteger, o exagerar.
El porcentaje de parejas que tienen un único hijo está aumentando debido a varias condicionantes. El costo elevado de manutención de un hijo, el retrasar demasiado el momento del primer hijo, la falta de tiempo. En la actualidad cerca del 40% de las parejas tienen un solo hijo en los países desarrollados.
Hay muchos prejuicios que pesan sobre esta decisión: la idea de que el niño crezca sin hermanos, que se va a aburrir, que va a quedar solo cuando faltemos, que será egoísta, engreído, etc.
Evolución del hijo único:
La crianza del hijo único depende de la educación que los padres le brinden, al igual que con las familias con más hijos.
En realidad no es el hijo el que desarrolla conductas anormales, sino los padres que tienden a actuar diferente con un solo hijo que con dos o más.
El principal riesgo que corren los padres es excederse con la atención que otorgan al hijo, en el sentido de miedos que provocan la sobreprotección. Pues la atención abundante que el hijo único recibe, le brinda seguridad, estabilidad, refuerza su autoestima.
Algunos aspectos que los padres deben controlar:
• Dominar el miedo excesivo a que le pase algo malo. Esto puede transmitirse al niño e impedir que disfrute de algunas actividades. Hay que evitar las frases negativas, del tipo “te vas a lastimar”. Esto sólo puede conducir a criar un niño temeroso, o que de cualquier modo haga aquello que no deseamos, pero a escondidas, con el consiguiente riesgo.
• Evitar que sea engreído, moderando nuestras apreciaciones, no empleando frases como “eres el mejor”, sino “me gustó mucho lo que hiciste”. O sea emplear expresiones que le demuestren nuestro orgullo, pero que también le dejen ver que hay otros niños que también lo hacen bien.
• Si bien estos niños maduran más temprano, no debemos olvidar que se trata de niños, y que necesitan compartir con otros de su edad. Una forma de facilitar su contacto con otros niños es llevarlo a una guardería lo antes posible, permitir que vaya a casa de amigos, o que ellos concurran a nuestra casa, enviarlo a campamentos, practicar deportes, etc.
• El niño solo, no conoce la competencia que se establece entre hermanos, y por tanto, puede demorar un poco más en madurar emocionalmente. Esto se soluciona cuando entra en contacto con otros niños, pero puede agravarse si lo sobreprotegemos, e intentamos evitar que sufra cuando pelea con otro niño. Lo mejor es que aprenda a relacionarse, compartir, competir, etc.
Las ventajas del hijo único:
Los padres cuentan con más tiempo para dedicarle y de mejor calidad, pues no están tan cansados, los problemas se reducen. Además cuentan con mayor cantidad de recursos económicos para brindarle. Sin contar que tienen más tiempo para sí mismos.
Con una educación correcta, estos niños desarrollan una mayor creatividad, aprenden a entretenerse solos, lo cual favorece la imaginación.
Como no tienen que defender lo suyo de hermanos, se muestran desprendidos con otros niños. También son más ordenados, pues las cosas se encuentran en el sitio donde las dejaron, al contrario de lo que ocurre cuando hay hermanos.
El trato constante con adultos, agilita su desarrollo intelectual y lingüístico, por el intercambio constante con ellos.
Acostumbrados a tener el amor y la atención de los padres, no conocen los celos, la envidia, el rechazo, y demás sentimientos que se suscitan en ele roce con hermanos, y se desarrollan seguros y con autoestima elevada.