Vivir sin pareja
Las vida sin pareja es una experiencia que todos hemos vivido en contadas ocasiones, pero los motivos que nos llevaron a esa situación son diversos y la experiencia varía según su origen.
Estar solos por propia elección, como forma de disfrutar de nuestra propia compañía, es una experiencia enriquecedora, por la que dejamos florecer nuestros recursos y capacidades, y profundizamos en nuestro autoconocimiento.
Disponer del tiempo, espacio, recursos, para nosotros solos, representa una forma de descontracturarnos, de aprovechar el tiempo invirtiéndolo en nosotros.
Vivir solos por haber perdido la pareja, puede resultar una etapa traumática o liberadora, todo depende de cómo sean las circunstancias en las que perdimos a la pareja y de la forma en que lo afrontemos. Si la pareja falleció, será una etapa dolorosa, pero puede servirnos para recomponer nuestra vida y rescatar lo mejor de la relación pasada para construir sobre ella una nueva etapa.
Si sufrimos una ruptura, depende de lo traumática que ésta haya sido. No es lo mismo recomponer nuestra vida cuando pasamos por una experiencia devastadora, que cuando la pareja simplemente no funcionó. En el primer caso, es más difícil volver a confiar en los demás, y necesitamos hacer una introspección para averiguar qué parte tuvimos en aquella experiencia dolorosa, de modo que nuestra vida se enriquezca con lo aprendido.
El miedo a quedar sin pareja:
Existen muchos mitos sociales respecto a la vida sin pareja. En nuestra
sociedad basada en la familia, se toma como curso natural de la vida, crecer y formar una pareja, permanecer con ella por toda la vida, o cambiar por otra, pero el vivir solo, es visto como sinónimo de fracaso.
Muchas personas que viven en pareja se sienten realmente solas, y personas que viven solas, no experimentan la soledad. La vida en pareja exige de un trabajo continuo, que no todos pueden o desean emprender. Lo importante es no considerar el éxito o fracaso de nuestra vida, midiéndolo en base a nuestra capacidad de formar y retener una pareja, sino a cómo vivimos nuestra vida y los logros que por nosotros mismos obtengamos. Conocernos nos ayuda a vivir más plenamente, a saber cuáles son nuestras necesidades y la forma de satisfacerlas adecuadamente.
Es importante que tengamos nuestros propios proyectos de vida y que los realicemos para complacernos a nosotros y no a los demás. Si la vida en pareja es una de nuestras metas, es bueno procurar realizarla, pero siempre comprendiendo que no se puede forzar la vida en común, sino que se trata de una asociación de dos personas que desean compartir su tiempo y proyectos, y que se sienten bien al hacerlo.

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